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lunes, 16 de febrero de 2015

La escucha del psicoanalista

 “En presencia de un psicoanalista, estas personas hablarán, en un principio, de la misma forma en que la hablarían a cualquiera. Sin embargo, la forma de escuchar de aquel, una ‘escucha’ en el sentido pleno del término, logra por sí sola que su discurso se modifique y asuma un nuevo sentido a sus propios oídos. El psicoanalista no da la razón ni la niega; sin juzgar, escucha. Las palabras que los paciente utilizan son sus palabras habituales; sin embargo, la manera de escuchar encierra un llamado a la verdad que los compele a profundizar su propia actitud fundamental frente al paso que están dando y que muestra ser completamente diferente a todo otro contacto con psicólogos, educadores o médicos”.
 
Bibliografía:
  • Dolto, F. (1987) Prefacio del libro “La primera entrevista con el psicoanalista”. II. Especificidad del psicoanalista. Gedisa Editorial. Buenos Aires.

jueves, 24 de abril de 2014

El analista no se abstiene

Les comparto un fragmento de un texto que se llama "El deseo del analista no es neutral".
"El así llamado principio de abstinencia freudiano ha dado lugar a múltiples equívocos, que tiene su punto de partida en tal denominación. Esta no aparece nunca en la obra de Freud, sino que es una elaboración postfreudiana". En el texto freudiano "Nuevos caminos de la terapia analítica" puede ubicarse el origen de tal confusión cuando Freud dice "En la medida de lo posible, la cura analítica debe ejecutarse en un estado de privación -de abstinencia-".
Thomson sostiene que "el error corriente respecto de este enunciado es suponer que se trata de que el analista se mantenga abstinente. [... Pero] Freud apunta a que el analista opere activamente para sostener el padecer que motoriza la cura. Es decir: para mantener el síntoma en su estatuto de analizable. Se trata entonces de una incidencia activa en la economía libidinal del analizante".
Luego agrega "Para mantener tal estado de privación, el analista no se priva de nada. Al contrario: interviene, opera, incide activamente sobre el sostenimiento del síntoma. Procura que el padecer que genera ese cuerpo extraño que es el síntoma no se extinga prematuramente, y funcione como motor de la cura".
 
Bibliografía:
  • Thompson, S. (2014). El deseo del analista no es neutral. Revista Imago Agenda. N°. 179. Página 50.

jueves, 20 de febrero de 2014

Violencia del acto analitico

Colette Soler menciona que hay diferentes violencias que se dan en el acto analítico.
La primera de ellas se da al comienzo del análisis cuando recibimos a un sujeto que padece de sus síntomas (son cosas que se le imponen, o si es una inhibición sufre porque quiere hacer cosas que no puede, o si se trata de una compulsión porque son cosas que hace pero que no quiere hacer y no puede evitar). A este sujeto lo recibimos con todo el dispositivo analítico y le devolvemos el mensaje implícito de que él es el responsable de todo esto.
Además le imponemos una regla de palabra que es casi imposible de cumplir y que se trata de decir palabras sin censuras conscientes. No se puede hablar sin censura. También invitamos al sujeto a decir cualquier cosa pero el paciente no puede decir cualquier cosa, vuelve siempre sobre los mismos surcos. Y el dispositivo funciona justamente porque le pedimos lo imposible. Esto es lo que nos permite acercarnos al inconsciente o al fantasma del paciente. Si efectivamente dijese cualquier cosa, no podríamos analizarlo.
El amor de transferencia disimula el hecho de que el analista no escucha lo que el sujeto quiere decir sino que intenta captar aquello que el mismo sujeto no sabe que dice. Hay un hiato entre la intención de la palabra del analizante y la intención de la interpretación. Esta es otra violencia del dispositivo analítico.
Hay más violencia todavía que tiene que ver con la función interpretativa. Ésta apunta a revelar el inconsciente o sus consecuencias. La primera es la castración (que es una limitación) y la segunda es la parte de pulsión indomable, es decir, una parte de exigencia de goce peculiar. Estas son dos cosas que nadie quiere saber ni aceptar. Lo obligamos a saber lo que no quiere.
Entonces ¿Por qué ejercemos esta violencia del acto analítico? Para obtener un efecto terapéutico (cambio a nivel de los síntomas) y para que el sujeto logre una identidad de separación. Esto ocurre al final del análisis y apunta a una identidad que no se defina por la vía de la identificación a los significantes, valores o ideales del otro del discurso.
 
Bibliografía:
  • Soler, C. (2004). Qué se espera del análisis y del psicoanalista. Psicoanálisis APdeBA. Vol. XXVI. N° 3. Páginas 779 - 786.

martes, 23 de marzo de 2010

Psicoanalistas

Los psicoanlistas no enferman, somatizan.
Los psicoanalistas no estudian, subliman.
Los psicoanalistas no tienen ocurrencias, tienen insight.
Los psicoanalistas no se equivocan, tienen actos fallidos.
Los psicoanalistas no cambian de idea, resignifican.
Los psicoanalistas no hacen disparates, despliegan su creatividad.
Los psicoanalistas no hablan, verbalizan.
Los psicoanalistas no responden, puntuan.
Los psicoanalistas no se dicen estupideces, asocian libremente.
Los psicoanalistas no se desahogan, hacen cartarsis.
Los psicoanalistas no te bancan, te contienen.
Los psicoanlistas no se hablan por telefono, se comunican de inconciente a inconciente.
Los psicoanalistas no son pesados, tienen una ligera compulsion a la repeticion.
Los psicoanalistas no resuelven sus problemas, elaboran conflictos.
Los psicoanalistas no se enamoran, hacen transferencia.
Los psicoanalistas no padecen crisis, estan atravesados por el malestar.
Los psicoanalistas no cojen, liberan la libido.