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lunes, 22 de agosto de 2016
lunes, 21 de marzo de 2016
Algunas notas sobre el orgasmo
En el artículo de referencia, Marcelo dice que el orgasmo “debemos
pensarlo como un instante en el cual todo nuestro sostenimiento
simbólico-fálico tambalea ya que es un epifánico encuentro con lo Real. Lo Real
no es un sentido velado, sino que es fuera de sentido, el mismo fuera de
sentido que podemos atribuirle a lo femenino”. Entendiendo a lo femenino como “lo
rechazado, lo no atrapado en su totalidad por el significante, lo reprimido por
los dos sexos, […] lo creemos ligado a la mujer […] pero el hombre no queda por
fuera de esta lógica. […] Es lo que define al deseo y a la verdad analítica”.
“En el encuentro sexual podrán ambos partenaires acceder a
la expresión orgásmica […]. Ese instante, confronta al sujeto, hombre o mujer,
con la castración. Ante esto, cada uno podrá detenerse o avanzar, de esto
dependerá el acceso o no a Otro goce, goce del ausentarse, pero ausentarse más
no sea por un instante del marco simbólico-fálico que lo sostiene como sujeto”.
Hacia el final agrega que “El encuentro con este goce
lógicamente produce angustia por el sismo subjetivo que introduce. Será entonces
la angustia la última barrera defensiva antes de encontrarse con esa “pequeña
muerte” que es el orgasmo. Pequeña muerte de las certidumbres del sujeto pero
paradójicamente generadora de otras nuevas significaciones que le permitan
re-inventarse”.
Bibliografía:
- Gurmindo, M. I. Orgasmo, una contingencia de lo real. En: Nudos en psicoanálisis on line. Año III. Número 4. Página 24.
domingo, 13 de marzo de 2016
Supervisión en psicoanálisis
La supervisión ha sido llamada también “análisis de control”.
En este artículo, Gabriela, plantea que no hay nada que controlar en una supervisión
sino que hay que escuchar el decir de un analista que está interrogado por un
caso y aclara que, el hecho de que el supervisor suela tener más años de
experiencia, no lo hace tener una “super-visión”.
En este sentido dice que “se trata de la misma herramienta
de la atención flotante puesta esta vez a escuchar el decir del analista” en
relación a lo que ocurrió en determinadas sesiones con determinados pacientes.
“Aquello que está pasando allí, se escucha justamente en los
lapsus del analista, en por dónde toma
para relatar el caso, en qué sesgo lo interroga del discurso y del padecer del
paciente. […] Entre supervisor y analista en supervisión, transferencia
mediante, obviamente, se construye un lugar donde el analista busca encontrarse
con sus impasses, sus puntos ciegos al decir de Freud […]”
Finalmente, en relación a la transmisión dice “En la supervisión,
la transmisión es transmisión de una experiencia y a la vez del agujero
constitutivo de toda experiencia. Lo más parecido que puede lograr el
supervisor es poner en causa al analista cuando el obstáculo lo hace no ‘estar
analista’ como bien decía Fernando Ulloa. Por todo esto, no llamaría jamás
transmisión a esas supervisiones que se ubican de un modo superyoico,
sancionador, casi ‘gozoso’ de marcar la dificultad en quien los solicita como
supervisores. […] No puede haber transmisión allí donde el que dice transmitir
se ubica en el lugar de dueño de saber. […] El supervisor está allí para desde
una posición de barradura, acompañar al analista a través de escuchar el decir
de su encuentro con el paciente, acompañar digo a encontrar su modo de ‘estar
analista’”.
Bibliografía:
Insua, G. Función supervisión en Nudosen Psicoanálisis On line.
Año II número 2. Página 30 y 31.
martes, 19 de enero de 2016
Síntesis de lo analizable y lo no analizable
Lo publicado en el último post, el profesor Laznik, lo resume en este cuadro:
Bibliografía:
- Laznik, D. (2007) Las nosografías freudianas y lo “no analizable". Ficha de la cátedra. Clínica psicoanalítica (cátedra I).
domingo, 10 de enero de 2016
Lo analizable y lo no analizable
El profesor David Laznik ubica tres momentos en Freud según las clasificaciones nosográficas y su relación con el dispositivo analítico.
Al principio, Freud recurre a oposiciones binarias. La primera de ellas es la oposición psiconeurosis de defensa (analizables) vs. neurosis actuales (no analizables). Es evidente que varias figuras clínicas psicopatológicas quedaban por fuera. Lo que marcaba la división es la noción de mecanismo psíquico.
“Éste se revela como subsidiario del conflicto psíquico, y anticipa el proceso primario. El dispositivo analítico se fundamenta en la misma lógica, vale decir, en el desplazamiento de las investiduras en la cadena asociativa. Es un mecanismo propio de las psiconeurosis de defensa […]. El referente clínico de esta época es el síntoma, producto de dicho mecanismo y testimonio del conflicto. Es la instancia en la que se inscribe la memoria inconciente y su “analizabilidad” se sostiene en la solidaridad entre esa estructura de “compromiso” entre representaciones y la estructura de lenguaje del dispositivo analítico.”
A los que consultaban por neurosis actuales, les daba consejos sobre la vida sexual y los despedía ya que el psicoanálisis no tenía nada para ofrecerles en la medida en que no podían situar para la angustia un mecanismo psíquico. La misma no se inscribe en la memoria y se sostiene en el factor actual de la tensión sexual somática que no admite derivación psíquica. “Se trata de un cuerpo por fuera de la memoria”.
En un segundo momento, plantea la oposición neurosis de transferencia (analizables) vs. neurosis narcisistas (no analizables), siendo la transferencia la condición de posibilidad de la práctica analítica. Las neurosis narcisistas no configuran estructuras clínicas sino un “conjunto de fenómenos clínicos que tienen como común denominador su “incapacidad para la transferencia”. Es por eso que aparecen agrupadas entidades clínicas tan disímiles como las psicosis, las melancolías, las “mujeres de pasiones elementales”, etc.”. En este momento, la transferencia viene al lugar del síntoma.
A partir de “Más allá del principio del placer” hay un cambio en Freud y ya no lo plantea como oposiciones binarias. Toma el trauma, la melancolía, la reacción terapéutica negativa, el sentimiento inconsciente de culpa y las neurosis graves, entre otras, para agrupar a lo no analizable. Estos fenómenos son obstáculos en la cura y no conforman un grupo homogéneo.
Al principio, Freud recurre a oposiciones binarias. La primera de ellas es la oposición psiconeurosis de defensa (analizables) vs. neurosis actuales (no analizables). Es evidente que varias figuras clínicas psicopatológicas quedaban por fuera. Lo que marcaba la división es la noción de mecanismo psíquico.
“Éste se revela como subsidiario del conflicto psíquico, y anticipa el proceso primario. El dispositivo analítico se fundamenta en la misma lógica, vale decir, en el desplazamiento de las investiduras en la cadena asociativa. Es un mecanismo propio de las psiconeurosis de defensa […]. El referente clínico de esta época es el síntoma, producto de dicho mecanismo y testimonio del conflicto. Es la instancia en la que se inscribe la memoria inconciente y su “analizabilidad” se sostiene en la solidaridad entre esa estructura de “compromiso” entre representaciones y la estructura de lenguaje del dispositivo analítico.”
A los que consultaban por neurosis actuales, les daba consejos sobre la vida sexual y los despedía ya que el psicoanálisis no tenía nada para ofrecerles en la medida en que no podían situar para la angustia un mecanismo psíquico. La misma no se inscribe en la memoria y se sostiene en el factor actual de la tensión sexual somática que no admite derivación psíquica. “Se trata de un cuerpo por fuera de la memoria”.
En un segundo momento, plantea la oposición neurosis de transferencia (analizables) vs. neurosis narcisistas (no analizables), siendo la transferencia la condición de posibilidad de la práctica analítica. Las neurosis narcisistas no configuran estructuras clínicas sino un “conjunto de fenómenos clínicos que tienen como común denominador su “incapacidad para la transferencia”. Es por eso que aparecen agrupadas entidades clínicas tan disímiles como las psicosis, las melancolías, las “mujeres de pasiones elementales”, etc.”. En este momento, la transferencia viene al lugar del síntoma.
A partir de “Más allá del principio del placer” hay un cambio en Freud y ya no lo plantea como oposiciones binarias. Toma el trauma, la melancolía, la reacción terapéutica negativa, el sentimiento inconsciente de culpa y las neurosis graves, entre otras, para agrupar a lo no analizable. Estos fenómenos son obstáculos en la cura y no conforman un grupo homogéneo.
Bibliografía:
- Laznik, D. (2007) Las nosografías freudianas y lo “no analizable". Ficha de la cátedra. Clínica psicoanalítica (cátedra I).
jueves, 26 de noviembre de 2015
Duración de la sesión lacaniana
"La sesión analítica tiene sus imperativos. Obliga al analizante a hablar sin restricción un cierto número de veces. La sesión analítica tiene lugar regularmente. Por convención, y de un modo casi burocrático, decía Lacan. Varias veces por semana. A menudo menos, algunas veces más. Tres parece ser el número ideal, o al menos, lo más frecuentemente practicado. Ocurre también que tiene lugar regularmente de un modo irregular. Por elección o por necesidad. De una semana a la otra, o varias veces por día una vez por mes, o incluso, varias veces por día durante algunos días varias veces por año. No es menos regular, según las variaciones o un ritmo que depende de la responsabilidad del analizante y del analista. Deducimos de ello lógicamente que la sesión analítica no es única, incluso si es nueva cada vez. A nadie se le ocurre calificar como análisis, una sesión que no tendría lugar más que una vez. Aunque ocurra que un sujeto se valga de algunas sesiones para decirse analizado. No es de buen augurio cuando es para asegurarse una posición profesional. El hecho de que la sesión analítica tenga lugar un cierto número de veces forma parte de su encuadre.
¿Puede definirse este número? Algunos legisladores, en nombre de factores económicos o sociales, creyeron poder sostenerlo. No es la posición de Freud, incluso si él recurre en un momento a la limitación del número de sesiones para obtener una precipitación de la experiencia hacia su fin. El número de sesiones no está definido previamente. Ni finito, ni infinito. Se planteó desde el comienzo de un análisis como indeterminado. La multiplicidad de las sesiones y la indeterminación de su número forman parte de las condiciones necesarias, aunque no suficientes, de la experiencia analítica."
Bibliografía:
- Malengreau, P. La lógica de la sesión lacaniana
sábado, 26 de septiembre de 2015
La pregunta por la duración del análisis
"Es de rigor que el futuro analizado pregunte por la duración del tratamiento, a lo que se responderá que el análisis es largo, lleva años y no se puede calcular de antemano lo que va a durar. Se puede agregar, también, que en la medida en que uno ve que su análisis progresa se preocupa menos por su extensión."
Bibliografía:
- Etchegoyen, R.H. (2009) Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Tercera Parte, Punto 4. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. Página 95.
viernes, 17 de julio de 2015
El descubrimiento de la diferencia sexual
"El descubrimiento de la diferencia sexual desencadena en el niño una lucha tan traumática como el descubrimiento de la alteridad y el descubrimiento de la ineluctabilidad de la muerte. Algunas personas no llegan nunca a resolver este trauma universal y todos, de alguna manera, lo negamos en lo más recóndito de nuestra mente, donde invariablemente somos omnipotentes, bisexuales e inmorales".
Bibliografía:
- Mc Dougall, J. (1998) Las mil y una caras de Eros. Paidos. Página 18. ISBN: 9501242145
sábado, 11 de julio de 2015
¿Cómo era Freud en su entorno familiar?
El libro “Sigmund Freud, mi padre” cuenta algunas anécdotas de la vida familiar de Sigmund Freud. Este libro fue escrito por su hijo mayor. Comparto algunos fragmentos del mismo:
“Cuando mis abuelos advirtieron que su hijo no era común, le prestaron especial atención y desde sus tiempos de escolar, durante la universidad y hasta que fue interno en el Hospital General de Viena, le dejaron utilizar una habitación para él solo, privilegio que era el único de la familia en gozar. Esta atención a un miembro de la familia, a expensas de los demás, se basaba, simplemente, en la firme creencia de Jakob y Amalia de que su Sigmund tenía dotes extraordinarias y estaba destinado a ser famoso. Por eso, ningún sacrificio era demasiado por él. Podría haberse hecho mimado y ser, en consecuencia, perjudicial para los demás hijos, pero no fue así. No mostraba egoísmo, excepto en un punto raro: era inflexible su demanda de que no se tocase el piano en el departamento. Su actitud hacia los instrumentos de música de cualquier clase no cambió en toda su vida.”
[…]
[…]
”Mi padre empezaba a trabajar a las ocho de la mañana y no era raro que siguiese en su labor hasta las tres de la mañana siguiente, con interrupciones para almorzar y cenar; la primera pausa era amplia, para incluir un paseo que, casi siempre, abarcaba todo el círculo de la Ringstrasse, aunque a veces lo abreviaba cruzando la ciudad interior para recoger o entregar pruebas a sus editores. Sin embargo, no debe creerse que estas excursiones tomaban la forma de paseos ociosos para gozar de la belleza de la Ringstrasse y sus árboles florecientes en primavera. Mi padre caminaba a una velocidad espantosa.”
[…]
“Cuando tenía unos meses atareados no lo veíamos mucho, aunque a juzgar por su correspondencia a su íntimo amigo, el doctor Fliess, nos veía más de lo que imaginábamos entonces, contemplando aparentemente nuestras actividades infantiles con placer y mucha diversión. Durante las vacaciones de verano, que podían durar tres meses, tomábamos firme posesión de nuestro padre. Él dejaba a un lado sus preocupaciones profesionales y todo era carcajadas y alegría.”
[…]
“Nuestra educación podría ser denominada "liberal". Jamás nos ordenaron hacer esto o no hacer lo otro; nunca nos dijeron que no hiciéramos preguntas. Pero no faltaba la disciplina. Mi madre gobernaba su casa con gran bondad y con gran firmeza.”
[…]
“A mi padre no le entusiasmaba la comida en general, pero como la mayoría, tenía sus preferencias. Le gustaban mucho los alcauciles, pero nunca probaba coliflor y no le gustaba el pollo. ‘No se debe matar las gallinas —decía a veces—; dejadlas vivir y poner huevos.’ El plato favorito de mi padre era el Rindfleisch, carne de vaca cocida; la comíamos tres o cuatro veces por semana.”
[…]
“Papá detestaba el teléfono. Mi teoría es que cuando mi padre se comunicaba hablando con otro ser humano, la conversación debía ser muy personal. Lo miraba a uno a los ojos y podía leer sus pensamientos.”
[…]
“Mi padre siempre expresaba su disgusto por Viena. Mi opinión es que a veces mi padre odiaba a Viena y otras amaba a la vieja ciudad y, que en general, le tenía apego. Podía haberse ido de allí en cualquier momento durante los muchos años seguros antes que la sombra de Hitler se cerniese sobre el alegre cielo de la ciudad; pero no lo hizo, ni, según mis conocimientos, pensó seriamente en emigrar. Y hasta finalmente, cuando todo lo obligaba a partir, lo hizo con gran pesar y sólo después de fuerte persuasión.”
[…]
“Cuando tenía unos meses atareados no lo veíamos mucho, aunque a juzgar por su correspondencia a su íntimo amigo, el doctor Fliess, nos veía más de lo que imaginábamos entonces, contemplando aparentemente nuestras actividades infantiles con placer y mucha diversión. Durante las vacaciones de verano, que podían durar tres meses, tomábamos firme posesión de nuestro padre. Él dejaba a un lado sus preocupaciones profesionales y todo era carcajadas y alegría.”
[…]
“Nuestra educación podría ser denominada "liberal". Jamás nos ordenaron hacer esto o no hacer lo otro; nunca nos dijeron que no hiciéramos preguntas. Pero no faltaba la disciplina. Mi madre gobernaba su casa con gran bondad y con gran firmeza.”
[…]
“A mi padre no le entusiasmaba la comida en general, pero como la mayoría, tenía sus preferencias. Le gustaban mucho los alcauciles, pero nunca probaba coliflor y no le gustaba el pollo. ‘No se debe matar las gallinas —decía a veces—; dejadlas vivir y poner huevos.’ El plato favorito de mi padre era el Rindfleisch, carne de vaca cocida; la comíamos tres o cuatro veces por semana.”
[…]
“Papá detestaba el teléfono. Mi teoría es que cuando mi padre se comunicaba hablando con otro ser humano, la conversación debía ser muy personal. Lo miraba a uno a los ojos y podía leer sus pensamientos.”
[…]
“Mi padre siempre expresaba su disgusto por Viena. Mi opinión es que a veces mi padre odiaba a Viena y otras amaba a la vieja ciudad y, que en general, le tenía apego. Podía haberse ido de allí en cualquier momento durante los muchos años seguros antes que la sombra de Hitler se cerniese sobre el alegre cielo de la ciudad; pero no lo hizo, ni, según mis conocimientos, pensó seriamente en emigrar. Y hasta finalmente, cuando todo lo obligaba a partir, lo hizo con gran pesar y sólo después de fuerte persuasión.”
[…]
”Mis padres tenían muchos amigos. Mi padre no era huraño: le gustaba la compañía.”
[…]
“Vimos poco a papá en las vacaciones de verano de 1899. Estaba absorbido por el trabajo que no podía descuidar. Era su Interpretación de los Sueños. Era raro que discutiese su trabajo en el círculo familiar, pero esto era una excepción. Todos sabíamos de ello y hasta nos alentaba a contarle nuestros sueños; cosa que hacíamos con entusiasmo. Hasta nos explicaba, en lenguaje sencillo, lo que podía entenderse de los sueños, su origen y significado. […] Se desilusionó cuando su libro fue mal recibido. La crítica era vacua y las reseñas inadecuadas. Una irónica y maliciosa distorsión de las ideas de mi padre amenazaba matar el libro. Esta decepción nunca se comentó y, en consecuencia, no se sintió en casa. Me enteré años después.”
[…]
“Papá no tuvo dificultad en decidir qué profesión debían seguir mis dos hermanos menores. En efecto, lo habían resuelto ya ellos. Uno mostraba señalado talento por la arquitectura y el otro se dedicó por ingeniería matemática. El problema era yo. No tenía el menor interés en lo que atraía a mis hermanos. La medicina como profesión para cualquiera de sus hijos nos fue estrictamente prohibida por papá.”
“Vimos poco a papá en las vacaciones de verano de 1899. Estaba absorbido por el trabajo que no podía descuidar. Era su Interpretación de los Sueños. Era raro que discutiese su trabajo en el círculo familiar, pero esto era una excepción. Todos sabíamos de ello y hasta nos alentaba a contarle nuestros sueños; cosa que hacíamos con entusiasmo. Hasta nos explicaba, en lenguaje sencillo, lo que podía entenderse de los sueños, su origen y significado. […] Se desilusionó cuando su libro fue mal recibido. La crítica era vacua y las reseñas inadecuadas. Una irónica y maliciosa distorsión de las ideas de mi padre amenazaba matar el libro. Esta decepción nunca se comentó y, en consecuencia, no se sintió en casa. Me enteré años después.”
[…]
“Papá no tuvo dificultad en decidir qué profesión debían seguir mis dos hermanos menores. En efecto, lo habían resuelto ya ellos. Uno mostraba señalado talento por la arquitectura y el otro se dedicó por ingeniería matemática. El problema era yo. No tenía el menor interés en lo que atraía a mis hermanos. La medicina como profesión para cualquiera de sus hijos nos fue estrictamente prohibida por papá.”
[…]
“Mi familia, incluso mi padre, se habían convertido en apasionados por los canes. Y sin embargo, ni papá ni mamá habían tenido perros en su juventud. Durante los veranos pasados en los alrededores de Viena papá tenía chows y mi hermana Ana, un alsaciano. Jofi era el favorito de papá y nunca se separaba de él, ni cuando atendía a los pacientes. Siempre decía —y debemos aceptar su palabra porque nunca había testigos durante el tratamiento analítico— que no tenía que mirar el reloj para decidir cuando terminaba la hora de la visita. Cuando Jofi se levantaba y bostezaba sabía que ya era la hora: nunca se demoraba en anunciar el final de la sesión, aunque papá reconoció que podía incurrir en un error de un minuto a expensas del paciente.”
[…]
“El perfecto dominio de sí mismo de mi padre raras veces o nunca le permitía revelar emoción.”
“Mi familia, incluso mi padre, se habían convertido en apasionados por los canes. Y sin embargo, ni papá ni mamá habían tenido perros en su juventud. Durante los veranos pasados en los alrededores de Viena papá tenía chows y mi hermana Ana, un alsaciano. Jofi era el favorito de papá y nunca se separaba de él, ni cuando atendía a los pacientes. Siempre decía —y debemos aceptar su palabra porque nunca había testigos durante el tratamiento analítico— que no tenía que mirar el reloj para decidir cuando terminaba la hora de la visita. Cuando Jofi se levantaba y bostezaba sabía que ya era la hora: nunca se demoraba en anunciar el final de la sesión, aunque papá reconoció que podía incurrir en un error de un minuto a expensas del paciente.”
[…]
“El perfecto dominio de sí mismo de mi padre raras veces o nunca le permitía revelar emoción.”
Bibliografía:
- Freud, M. (1966) Sigmund Freud, mi padre. Hormé-Paidos.
viernes, 29 de mayo de 2015
¿Qué quiere decir resolución edipica?
"Se trata de una aceptación de la ley de prohibición del incesto, de una renuncia, incluso a nivel imaginario, al deseo de contacto corporal genital con el progenitor del sexo complementario y a la rivalidad sexual con el del mismo sexo. […]
Se trata también de una eventual aceptación de la muerte posible de los padres, sin culpabilidad mágica al pensar en ella. En el caso en que la pareja de los padres sea equilibrada, quiero decir que esté compuesta por dos individuos sanos psicológica y sexualmente, aun cuando no posea ningún conocimiento consciente de psicología y de psicoanálisis, y quizá sobre todo por eso, todo acontece en forma ordenada en lo que se refiere a los instintos del niño. Las pesadillas o las escenas de oposición de caracteres o de celos de amor que traducen el período crítico de los 7 años cesan, ya no aparecen más los pequeños síntomas que caracterizan la vida de todos los niños de esa época. El niño, en circunstancias favorables, comienza a desinteresarse en forma cortes, pero clara, de la impresión que causa a su padre o a su madre, a despreocuparse por su vida íntima que, hasta el momento en que conoció su sentido… estimulaban su curiosidad. Se vuelve mucho más sensible a las condiciones sociales que su filiación le procura, se ocupa más de observar a sus padres en su vida social. […]
Se interesa cada vez más, lo demuestre o no, en la vida de los niños de su edad, en su escolaridad, en sus propias ocupaciones personales, y abandona el modo de vida en que todo giraba el alrededor del juicio de los adultos sobre su persona. […]
El hecho de que el Complejo de Edipo ha sido resuelto se manifiesta en forma indirecta cuando el niño que se desenvuelve bien en el hogar puede desplazar la situación emocional triangular primitiva y situarla en el medio ambiente, en la escuela y en las actividades lúdicas de entre sus muchos compañeros, puede hacerse dos o tres amigos verdades, amistades que todavía están expuestas a desilusione que las pongan a prueba. Por el contrario, el niño que no ha resuelto su Edipo sigue estando muy dominado por el ambiente emocional de su relación con el padre o con la madre."
Se trata también de una eventual aceptación de la muerte posible de los padres, sin culpabilidad mágica al pensar en ella. En el caso en que la pareja de los padres sea equilibrada, quiero decir que esté compuesta por dos individuos sanos psicológica y sexualmente, aun cuando no posea ningún conocimiento consciente de psicología y de psicoanálisis, y quizá sobre todo por eso, todo acontece en forma ordenada en lo que se refiere a los instintos del niño. Las pesadillas o las escenas de oposición de caracteres o de celos de amor que traducen el período crítico de los 7 años cesan, ya no aparecen más los pequeños síntomas que caracterizan la vida de todos los niños de esa época. El niño, en circunstancias favorables, comienza a desinteresarse en forma cortes, pero clara, de la impresión que causa a su padre o a su madre, a despreocuparse por su vida íntima que, hasta el momento en que conoció su sentido… estimulaban su curiosidad. Se vuelve mucho más sensible a las condiciones sociales que su filiación le procura, se ocupa más de observar a sus padres en su vida social. […]
Se interesa cada vez más, lo demuestre o no, en la vida de los niños de su edad, en su escolaridad, en sus propias ocupaciones personales, y abandona el modo de vida en que todo giraba el alrededor del juicio de los adultos sobre su persona. […]
El hecho de que el Complejo de Edipo ha sido resuelto se manifiesta en forma indirecta cuando el niño que se desenvuelve bien en el hogar puede desplazar la situación emocional triangular primitiva y situarla en el medio ambiente, en la escuela y en las actividades lúdicas de entre sus muchos compañeros, puede hacerse dos o tres amigos verdades, amistades que todavía están expuestas a desilusione que las pongan a prueba. Por el contrario, el niño que no ha resuelto su Edipo sigue estando muy dominado por el ambiente emocional de su relación con el padre o con la madre."
Bibliografía:
- Dolto, F. (1987) Prefacio del libro “La primera entrevista con el psicoanalista”. VI. El complejo de Edipo y su resolución. Patogenia o profilaxis mental de sus trastornos. Gedisa Editorial. Buenos Aires.
jueves, 7 de mayo de 2015
No todos los miedos requieren un tratamiento
En el artículo de referencia, se reflexiona sobre lo que son y lo que no son las fobias en la infancia partiendo de que a partir de la vulgarización del término "fobia", se llama de esta forma a situaciones muy diferentes. En este sentido, la autora, dice:
"El primer error a producir es la confusión entre ataques de pánico y fobia. Esta equivocación suele darse más cuando se suele hablar de fobias en los adultos. Sin embargo, es preciso discernir esos estados de angustia inminente que irrumpe en los ataques de pánico, de la localización del miedo en un objeto fobígeno. En este sentido la fobia ya implicaría un hilván que permitiría nombrar y acotar algo de ese real disruptivo.
En tiempos de infancia [...] es típico que advengan una serie de 'miedos', que aparecen recurrentemente y que Freud denominaba 'histerias de angustia': miedo a la oscuridad, a los monstruos, a los perros, a los insectos, a estar solos. Señalaba que muchas de estas 'fobias', 'curaban solas'; es decir que no necesitaban de la intervención del analista para su resolución. Pero hablará también de 'neurosis de la infancia': momento de eclosión ya en esos primeros tiempos de padecimiento genuino que requiere de alguna otra operatoria de ciframiento y lectura para su resolución. Considero vital distinguir estos dos modos de presentación del miedo: en un caso la fobia sería un momento lógico de la constitución subjetiva y por ende estructurante del psiquismo, y su resolución permitiría al niño resolver la función paterna siempre fallida. Implicaría cernir un afuera de lo materno en ese pasaje siempre complejo entre ser y tener el falo. La segunda forma de presentación, implica el fracaso mismo de la operatoria, en la persistencia del miedo en tiempo de latencia. [...] Se arma una especia de impasse entre dejar de ser aquello que colmaría al Otro y la propia satisfacción: 'si digo sí a la satisfacción me quedo sin lugar en el Otro; si digo no a la satisfacción me quedo atrapado en el Otro'. La neurosis de la infancia ya conlleva la dimensión de conflicto y de respuesta primera a ese conflicto.
Entonces no todas las consultas deberían derivar en un tratamiento para el niño. Muchas veces es más una dificulta de los padres para soportar la angustia del niño, y para oficiar ellos mismos como soporte frente al miedo, en una imposibilidad de brindarle alguna palabra que haga borde a lo qe irrumpe como innombrable por su estructura."
Más adelante en el mismo artículo la autora menciona que en el caso del trabajo con los padres hay que situar que no todo es patológico, que hay procesos que son propios de esa etapa evolutiva. "En otros casos la consulta es vital, en la medida en que el miedo va ganando terreno en la vida del niño, acompañado generalmente por una gran cantidad de inhibiciones que van limitando cada vez más su autonomía."
Bibliografía:
- Iuale, L. (2015) La función de la fobia en la infancia. En: Imago Agenda. N° 188. Febrero 2015. Página 42.
viernes, 10 de abril de 2015
Relación entre celos y mirada
"En 'Lecciones psicoanalíticas sobre los celos' Assoun refiere que a partir del siglo XVI se denomina 'celosia' a un entramado de madera o metal que permite ver sin ser visto (postigos o persianas para la ventana) y deja de manifiesto el vínculo entre celos y mirada. 'Quien experimenta celos no deja de mirar, no pierde de vista ni por un instante el objeto que cela ni al (a la) rival: los tiene 'a la vista', los 'visualiza', aun en ausencia".
Bibliogafía:
- Etcheverry, E. (2014) ¿Qué tendrá ella que no tengo yo? Acerca de un caso de celos. En Imago Agenda. N°187. Página 28. ISSN: 1515-3398
miércoles, 25 de marzo de 2015
Sobre los delirios a duo
"No puede dejar de impresionarnos la frecuencia de los delirios a dúo que reúnen madre-hija o padre-hijo. Es imposible distinguir entre el presunto sujeto inductor y del supuesto sujeto inducido. Se habla entonces de locuras simultáneas o de delirios convergentes [...] Los delirios de a dos, permiten aprehender las condiciones psicológicas que juegan un papel determinante en la psicosis".
Bibliografía:
- Lacan, J. (1984) De la psicosis paranoica en sus relaciones con personalidad. Distrito federal, México: Siglo XXI Editores.
jueves, 12 de marzo de 2015
Construcción de la experiencia vivida en el niño
“Lo que tiene importancia, en efecto, no son los hechos reales vividos por el niño […] sino el conjunto de las percepciones del niño y el valor simbólico originado en el sentido que asumen estas percepciones para el narcisismo del sujeto. Este valor simbólico depende en alto grado del encuentro del sujeto con una experiencia sensible efectivamente nueva, y de las palabras (justas o no) o la ausencia de ellas con respecto al hecho, en las personas que él escuche; estas palabras, o su falta, se conservan y se volverán a presentar en su memoria como representantes verdaderos o falsos de la experiencia vivida. La imposición del silencio ante las preguntas y las palabras del niño o la falta de diálogo respecto de estas percepciones, no integran, en realidad, esta percepción real del niño al mundo humano, y las relegan, a ellas y a quien las ha vivido con pena o con placer, al mundo de la mentira, o a lo inefable del mutismo cósmico mágico.”
Bibliografía:
- Dolto, F. (1987) Prefacio del libro “La primera entrevista con el psicoanalista”. IV. La profilaxis mental en las relaciones familiares patógenas. Gedisa Editorial. Buenos Aires.
martes, 24 de febrero de 2015
Una definición más de transferencia
En el libro de referencia, Dolto, define a la transferencia como “la relación imaginaria, al mismo tiempo consciente e inconsciente, del psicoanalizado que demanda frente al psicoanalista testigo, que no responde, y acepta los efectos reestructurantes de la historia del sujeto a través de sus contratiempos patógenos. La transferencia es el medio específico de la cura psicoanalítica. Su surgimiento, su evolución y su desaparición final caracterizan cada cura”.
Bibliografía:
- Dolto, F. (1987) Prefacio del libro “La primera entrevista con el psicoanalista”. II. Especificidad del psicoanalista. Gedisa Editorial. Buenos Aires.
lunes, 16 de febrero de 2015
La escucha del psicoanalista
“En presencia de un psicoanalista, estas personas hablarán, en un principio, de la misma forma en que la hablarían a cualquiera. Sin embargo, la forma de escuchar de aquel, una ‘escucha’ en el sentido pleno del término, logra por sí sola que su discurso se modifique y asuma un nuevo sentido a sus propios oídos. El psicoanalista no da la razón ni la niega; sin juzgar, escucha. Las palabras que los paciente utilizan son sus palabras habituales; sin embargo, la manera de escuchar encierra un llamado a la verdad que los compele a profundizar su propia actitud fundamental frente al paso que están dando y que muestra ser completamente diferente a todo otro contacto con psicólogos, educadores o médicos”.
Bibliografía:
- Dolto, F. (1987) Prefacio del libro “La primera entrevista con el psicoanalista”. II. Especificidad del psicoanalista. Gedisa Editorial. Buenos Aires.
domingo, 8 de febrero de 2015
El psicoanálisis no es un remedio
“Debemos inquietarnos, sin embargo, ante la existencia de tantas consultas ‘psi…’ y de consejeros para padres en dificultades que se convencen con excesiva facilidad de su incompetencia educativa, y están listos a dejar sus responsabilidades paternas, en manos técnicas, de la misma forma en que ponen sus autos en manos de los mecánicos. […] Muchos creen aún que el psicoanalista va a hacer esto o aquello, va a influir, moralizar, estimular, razonar, en suma, va a actuar con sus palabras como con un remedio; mediante una especie de sugestión, para llevar al sujeto a que se comporte ‘bien’.
Ahora bien, el psicoanalista no agrega algo nuevo. Permite encontrar una salida a las fuerzas emocionales veladas que están en conflicto, pero el que las debe dirigir es el paciente mismo.”
Bibliografía:
- Dolto, F. (1987) Prefacio del libro “La primera entrevista con el psicoanalista”. I. Especificidad del psicoanálisis. Gedisa Editorial. Buenos Aires.
lunes, 26 de enero de 2015
Culpa, deuda y control en el obsesivo
“La neurosis obsesiva es una enfermedad de la moral abrumada por ideas mortificantes, que se presenta bajo la modalidad de la culpa y la deuda. Enredado en la jaula narcisista, el obsesivo pretende un control total a partir de su Yo; la pretensión ilusoria, forzada e imposible de controlar y manejar los hilos de la escena deseante de los otros.”
“El obsesivo no puede perder, porque cualquier pérdida lo remite a la castración, a un desfallecimiento de su imagen narcisista. De allí su carácter anal, retentivo. De allí su afán de controlarlo todo, especialmente a su objeto u objetos amorosos.”
Bibliografía:
- Wechsler, E. (2011) Arrebatos femeninos, obsesiones masculinas. Un desencuentro estructural. Psicoanálisis, Vol. XXXIII, Nº 1 - pp. 189-200
sábado, 17 de enero de 2015
Repeticion en la eleccion de la pareja
“El partenaire sexual es, para el Psicoanálisis, siempre sintomático. Para Freud, porque la elección de pareja no es azarosa sino que está inevitablemente determinada por las fijaciones infantiles. De allí su condición repetitiva. En el amor es el inconsciente quien elige. El pasado se impone en acto. Cualquier encuentro, escribirá, es un reencuentro.”
Bibliografía:
- Wechsler, E. (2011) Arrebatos femeninos, obsesiones masculinas. Un desencuentro estructural. Psicoanálisis, Vol. XXXIII, Nº 1 - pp. 189-200
viernes, 9 de enero de 2015
Principios rectores del acto psicoanalitico
En el texto de referencia, Élida Fernandez, menciona que en Argentina existen muchas formas de practicar el psicoanálisis y recuerda que en 2006 Eric Laurent enuncia bajo el título de "Principios rectores del acto psicoanalítico", lo que sería algo así como una Carta magna para el psicoanálisis.
Laurent propone u preámbulo con 8 principios que Fernandez resume de esta manera:
1. "El psicoanálisis es una práctica de la palabra: el analizante habla de lo que le trae, su sufrimiento, su síntoma. Este síntoma está articulado a la materialidad del inconsciente, está hecho de cosas dichas al sujeto que le hicieron mal y de cosas imposibles de decir que le hacen sufrir."
2. "La sesión psicoanalítica es un lugar donde pueden aflojarse las identificaciones más estables, a la cual el sujeto está fijado."
3. "El analizante se dirige al analista: se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido."
4. "El lazo de la transferencia supone un lugar 'el lugar del Otro' como dice Lacan, que no está regulado por ningún otro particular."
5. "No existe una cura estándar ni un protocolo general que regiría la cura psicoanalítica."
6. "La duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizada. Lo que se persigue no es la aplicación de una norma sino el acuerdo del sujeto consigo mismo."
7. "El psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación del sujeto a normas, reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. El descubrimiento del psicoanálisis es, en primer lugar, el de la impotencia del sujeto para llegar a la plena satisfacción sexual.Esta impotencia es designada con el término de castración"
8. "La formación del psicoanalista no puede reducirse a las normas de formación de la universidad o a las de la evaluación de lo adquirido por la práctica. (tripode)"
Bibliografía:
- Fernández, E. E. (2014). La práctica del psicoanálisis hoy. Imago agenda N°186. Página 18.
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