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viernes, 16 de enero de 2009

Apego elusivo-evitativo

Los niños con estilos de apego elusivo evitativo, exhiben un aparente desinterés a la presencia de sus cuidadores y un desapego de los mismos durante períodos de angustia. Esto se produce cuando el cuidador es distante, inexpresivo y se mantiene impávido ante sus necesidades. En estos casos el niño no encuentra respuesta a su conducta de apego entonces no la busca más al mismo tiempo que se vuelve socialmente aislado, irritable y distante. Al saber que no pueden contar con el apoyo del cuidador reaccionan de forma defensiva.
Estas personas, como sufrieron muchos rechazos en el pasado, intentan negar la necesidad de una figura de apego para evitar frustraciones. Es por eso que se muestran autosuficientes, que no esperan nada de las relaciones con el otro y cuyas frases de cabecera son “yo puedo solo”, “no necesito de nadie” y otras similares. Esta autosuficiencia que se muestra es el resultado del temor al dolor en las relaciones con otros. Estos niños tienen poca confianza en que otros puedan ayudarlos, poseen inseguridad hacia los demás, desconfianza, miedo a la intimidad, dificultad para depender de otros y prefieren mantenerse distanciados de ellos. Sin embargo, este apego está menos relacionado con la soledad que el ansioso ambivalente porque en el elusivo evitativo el niño no espera nada de nadie entonces no se siente sólo.

jueves, 15 de enero de 2009

Apego ansioso-ambivalente

Los niños con estilos de apego ansioso-ambivalente son aquellos que buscan la proximidad de la figura primaria y al mismo tiempo se resisten a ser tranquilizados, mostrando agresión hacia ella. Mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Esto se debe a que sus cuidadores procedieron de forma inconsistente, se habían mostrado sensibles y cálidos en algunas ocasiones y fríos e insensibles en otras. Estas pautas de comportamiento habían llevado al niño a la inseguridad sobre la disponibilidad de su figura de apego cuando la necesitasen.
Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de los primeros. El cuidador fue ansioso, imprevisible y el niño no encontró sostén en esa figura; figura que a veces contenía y a veces cuidaba pero siempre desde la ansiedad. De este modo, el chico nunca terminaba de encontrar la figura de apego porque siempre le parecía que lo iban a abandonar.
Estas personas suelen vacilar entre la irritación, la resistencia al contacto y el acercamiento y están definidas por un fuerte deseo de intimidad, junto con una inseguridad respecto a los otros: pues desean tener la interacción e intimidad y tienen intenso temor de que ésta se pierda. Estos sujetos son los que padecen mayor soledad porque siguen buscando compañeros de apego al mismo tiempo que esperan que se los rechacen y terminan produciendo esto como una profecía autocumplidora.
Las personas con estilos ansiosos tienden a verse a sí mismos como poco inteligentes e inseguros y a los otros como desconfiables y reacios a comprometerse en relaciones íntimas. En sus relaciones amorosas también se preocupan de que sus parejas no los quieran y sienten temor al abandono.

miércoles, 14 de enero de 2009

Apego seguro

Los niños con estilos de apego seguro, son capaces de usar a sus cuidadores como una base de seguridad cuando están angustiados. Ellos tienen cuidadores que son sensibles a sus necesidades y responden a ellas, por eso, tienen confianza que sus figuras de apego estarán disponibles y les ayudarán en la adversidad. Tanto el cuidador como el infante disfrutan de una relación fluida y placentera.
En el dominio interpersonal, las personas con apego seguro tienden a ser más cálidas, estables, queribles y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser positivas, confiadas, seguras de sí mismas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.
En cuanto a las relaciones amorosas las personas con estilo seguro tienden a desarrollar modelos mentales de sí mismos como amistosos, afables y capaces, y de los otros como bien intencionados y confiables, ellos encuentran relativamente fácil intimar con otros, se sienten cómodos dependiendo de otros y que otros dependan de ellos, y no se preocupan acerca de ser abandonados o de que otros se encuentren muy próximos emocionalmente.

martes, 13 de enero de 2009

Relación entre apego y soledad

La experiencia de soledad deviene fundamentalmente del sentimiento de insatisfacción frente a las relaciones sociales. La persona vivencia menores niveles de intimidad y reciprocidad de lo esperado. Para Sullivan esta experiencia está conectada con la satisfacción inadecuada de intimidad en la niñez. Este autor sostiene que la soledad puede ser una fuerza motivadora para la búsqueda de contractos sociales.
Los desarrollos y consideración acerca de la soledad, de Weiss (1973), Hojar (1989) y Rook (1989), relacionan estrechamente el surgimiento del sentimiento de soledad con fracasos en la constitución de un apego seguro en la infancia. La cultura familiar (la transmisión de un modelo de socialización de padres a hijos) predispone muchas veces la aparición del fenómeno. Sin embargo, otros acontecimientos como la orfandad, guerra, viudez, abandono o alejamiento de un padre también pueden estar en el origen.
La perspectiva de la teoría del apego sostiene que vínculos de apego positivo fuertes entre padres e hijos promueven vínculos interpersonales positivos en momentos posteriores de la vida adlta; funcionarían como una fuente de reaseguro, autoestima, capacidad de afrontamiento en situaciones de crisis, donde incidirían no sólo los vínculos actuales sino también la historia de los vínculos afectivos. Es notable como en la relación amorosa se reedita la comunicación tierna (apodo, giros lingüísticos) de la primitiva relación madre-hijo.
En su teoría del apego, Bowlby (1950), indaga sobre las consecuencias en el desarrollo de la personalidad de las privaciones o el déficit de los cuidados maternos. Define a la conducta de apego como una conducta propia de a naturaleza humana y que tiene la función biológica de la protección. Esa conducta consiste en buscar la proximidad de otro que consideramos que está más preparado para enfrentar al mundo y es originada por desencadenantes específicos como el temor, la amenaza, el dolor, la enfermedad, el peligro y la soledad. En estas situaciones la persona siente la necesidad de la presencia tranquilizadora de su figura de apego. La figura de apego es aquella proveedora de seguridad, confianza, accesible, comprensiva y que resulta ser un antídoto contra la ansiedad que de otra forma podría desembocar en depresión.En la adolescencia hay un doble movimiento: se aleja de los padres y se integra como figura de apego a los pares. En la adultez es la pareja y en la vejez cambia hacia personas en quien se puede confiar como puede ser un hijo adulto. La figura de apego no equivale a alguien cercano, íntimo o confidente. La relación con un hijo pequeño es cercana e íntima, el progenitor puede estar muy involucrado y ser figura de apego de su hijo, pero esto no ocurre a la inversa.
Según la respuesta que da el otro significativo a la conducta de apego del niño, se va a construir un estilo de apego en éste que guiará la búsqueda de apego a lo largo de su vida. La soledad puede ser por una fusión excesiva o una presencia insuficiente de los padres, ambas desfavorables para la consolidación de vínculos emocionales firmes con los demás. La persona que no desarrolló estos aspectos en la niñez no dispone de los recursos de seguridad, autoestima, capacidad de afrontamiento de situaciones novedosas o facilidad para establecer nuevos vínculos sociales en la adultez y es más proclive a sentirse sola, vulnerable y con falta de autoconfianza.
Ainsworth distingue tres tipos de apego con el consecuente desarrollo de sus personalidades:
Si se producen cambios en el estilo de cuidado de los padres, podrá cambiar el estilo de apego de los niños. La infancia es formativa pero no determinante del resto de la vida.

Bibliografía:
  • Muchinik, Eva; Seidmann, Susana, “Aislamiento y Soledad”. Editorial Eudeba, Bs. As. 1998

lunes, 5 de enero de 2009

Tipos de soledad

La experiencia de soledad deviene fundamentalmente del sentimiento de insatisfacción frente a las relaciones sociales. La persona vivencia menores niveles de intimidad y reciprocidad de lo esperado. Se pueden diferenciar dos tipos de soledad: por aislamiento emocional y por aislamiento social. Son dos tipos de soledad que provienen de déficits relacionales específicos y se caracterizan por sentimientos y comportamientos diferentes.
Si bien ambas se desarrollarán en futuros posts, el siguiente cuadro las resume:


Si bien a soledad por aislamiento emocional y la soledad por aislamiento social tienen orígenes diversos, en algunos casos éstos se superponen y la persona sin vínculos sociales, carece al mismo tiempo de relaciones de apego significativas. Los casos más severos de soledad ocurren cuando las personas tienen carencia en ambas dimensiones: la social y la emocional.



Bibliografía:


  • Muchinik, Eva; Seidmann, Susana, “Aislamiento y Soledad”. Editorial Eudeba, Bs. As. 1998

domingo, 4 de enero de 2009

Causas internas o personales de la soledad

En este post se desarrollaran las cuatro causas internas de la soledad mencionadas en uno anterior.
Tanto la dificultad para estar solo como la dificultad para relacionarse con otros responden a relaciones con experiencias de apego de la infancia que luego veremos en otro post. Fallas en la constitución del apego pueden llevar tanto a la dificultad de quedarse solo como al desarrollo de un ser solitario. A su vez la falta de falta de capacidad para estar solo toma dos formas:
  • La evitación de la soledad: algunas personas temen estar solas y esa situación displacentera las conduce a buscar contactos sociales para romper el aislamiento. En su desesperación por entablar relaciones llegan a implicarse en relaciones inapropiadas que cuando fracasan acentúan el sentimiento de soledad. En estos casos de generan relaciones de dependencia patológica como en el caso de la búsqueda desenfrenada de una pareja. Una resolución favorable sería que estas personas mejoraran su habilidad para estar solas pudiendo disfrutar más de sus actividades en soledad. Esto las haría menos dependientes de otros y por lo tanto menos vulnerables a compromisos riesgos.
  • El refugio en la soledad: otras personas se refugian en la soledad como estrategia de protección frente a rechazos sociales reales o imaginados. De este modo evitan potenciales ataques a su autoestima. A largo plazo, la soledad, puede terminar convirtiéndose en un rasgo de su personalidad.
En cuanto a las habilidades sociales deficientes hay siete aspectos que Wittenberg y Reis mencionan en relación al sentimiento de soledad:
  • Iniciación del contacto social
  • Apertura de la persona
  • Habilidad para concertar encuentros
  • Capacidad para proveer consejo y guía
  • Asertividad general
  • Asertividad acerca de situaciones y sentimientos negativos
  • Resolución de conflictos.
Las fallas en este proceso de acercamiento social precipitan el sentimiento de soledad. Entre las habilidades sociales hay dos que permiten predecir la soledad: la dificultad para entablar relaciones sociales (iniciación y asertividad) y la inhabilidad para profundizarlas (apertura, guía y resolución de conflictos). Esta incapacidad puede estar relacionada con inhibición por ansiedad, autoconciencia aumentada o falta de motivación para participar, factores que pueden ser malinterpretados como falta de interés o de compromiso.
Las personas que se sienten solas se autoatribuyen las causas y se describen como tímidas. Piensan todo el tiempo cómo me ven, qué les parezco, se notará que… Se perciben como fallando en los contactos sociales, no pudiendo disfrutar de encuentros y aún sufriendo en ellos. En la interacción con otros no se dirigen a los demás, no les preguntan ni hacen comentarios sobre los otros. Les resulta difícil sostenter una conversación o resolver los silencios.
La últimas de las causas hace referencia a los patrones cognitivos disfuncionales, entre ellos se destacan las consideraciones acerca del self, los otros y de la situación. Las personas solas sufren de una autoestima baja, percepción negativa del propio cuerpo, de la sexualidad, de la salud y la apariencia. La percepción de la situación es pesimista, centrada en fallas personales propias. Estos esquemas cognitivos pueden haber tenido sus orígenes en la infancia con padres duramente críticos.

Bibliografía:
  • Muchinik, Eva; Seidmann, Susana, “Aislamiento y Soledad”. Editorial Eudeba, Bs. As. 1998

viernes, 2 de enero de 2009

Aislamiento y Soledad

Aislamiento y soledad son definidos como fenómenos asociados a la organización y a la calidad de las relaciones interpersonales. El idioma inglés define separadamente estos dos conceptos. Utiliza la palabra “solitude” para soledad e “insulation” para aislamiento. En ese idioma también encontramos el término “reclusion” que señala la condición autoimpuesta de la soledad, “aloneness” que es la situación objetiva, transitoria y no penosa en que la persona se encuentra real y vivencialmente sola y “aloofness” para indicar la situación de desconexión, de retraimiento, de no participación, y sobre todo indiferencia, de alguien que se aparta por dificultades del orden de lo psicológico.

Por soledad entendemos el sentimiento prolongado, desagradable, involuntario de no estar relacionado significativamente o de manera próxima con alguien. Es una apreciación subjetiva, es decir, la persona se siente sola. Este sentimiento de soledad no está producido inexorablemente por aislamiento social (por falta de vínculos con otros). Puede surgir de deficiencias percibidas en relaciones actuales íntimas o derivar de las dificultades en la historia de los vínculos tempranos.

El aislamiento, en cambio, se remite a los aspectos objetivos de estar separado de los otros, es la pérdida de comunidad.

Muchas veces, cuando las personas no encuentran mecanismos exitosos de afrontamiento de la soledad terminan enfermando.

En los siguientes post se explicarán los dos tipos de soledad que discrimina Robert Weiss (aislamiento emocional y aislamiento social según el aspecto subjetivo u objetivo de la problemática). También veremos cómo la soledad está ligada al surgimiento y al desarrollo de un vínculo de apego como plantea Bowlby.


Bibliografía:
  • Muchinik, Eva; Seidmann, Susana, “Aislamiento y Soledad”. Editorial Eudeba, Bs. As. 1998